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TEXTOS


TERESA DEL CONDE.

JUAN SORIANO EN PERSPECTIVA.

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Desde muy joven, con Chucho Reyes precisamente, oí muchos libros de arte. En Guadalajara había cosas bellas que ver, cuadros de José Maria Estrada, pintura del siglo XIX, maravilloso arte colonial; con Chucho, además vi libros y revistas ilustradas con pinturas y esculturas de todas las épocas y desde entonces empecé a tener amor por todas las cosas del pasado. Quise entrar a San Carlos por consejo de Xavier Villaurrutia, que me hacía muchas recomendaciones mientras pintaba su retrato. Hablé con Rodríguez Lozano y fui a la academia. Encontré a Manuel dibujando un desnudo masculino; fue muy simpático y cordial conmigo. Me puso a dibujar, pero luego fue a mi dibujo y me corrigió: “Mira, aquí hay una línea que es convexa”, y yo la veía cóncava. No volví nunca mas. Entonces hacia posar a mis hermanas y a mis amigos en mi casa, o bien alquilaba modelos que compartíamos varios amigos: Chávez Morado, Ricardo Martínez, Raúl Anguiano. Iba también otra gente que no hizo carrera. Nuestra modelo era una deliciosa muchacha llamada Rosita, menuda y delicada; años mas tarde supe que se convirtió en boxeadora. Después comparábamos nuestros dibujos y los criticábamos. Esto era espléndido y nos proporcionaba un gran aprendizaje. No éramos en realidad dibujantes naturalistas y eso permitía que saliera el estilo de cada uno. ¿No piensas que siempre estás dando tu opinión ante lo que ves? Además, como tu dices, el dibujo es delator, pues esta condicionado por tus limitaciones. Hay gente que todo lo ve seco (o lo dibuja así), o que no siente el ritmo. Entre lo que ves y lo que haces existe un soplo; es como en la ópera en que hay coloraturas, bajos o tenores. Todo tiene un registro. Desde entonces siempre dibujaba, me regalaban animales muertos y pintaba las coyunturas, el caparazón. Todo lo que tuviera el animal o en su caso la planta. Dibujaba todo y todos los días. Hoy en día, diario dibujo por una hora. Estoy haciendo un retrato y he cambiado siete veces la configuración. Dibujo y vuelvo a dibujar hasta que siento que estoy diciendo algo. Es bello ver como da la luz en el párpado o en la comisura de los labios, lo pintas y no se ve bien, no queda expresivo o interesante, entonces lo vuelves a hacer. El lápiz no quiere obedecerte y entonces crees que el dibujo no sirve; lo dejas de lado y tiempo después quizá le veas un interés diferente al que tu le habías buscado al principio. Viendo los libros de arte recuerdo imágenes de mujeres: desde la época de las cavernas hasta el Renacimiento. Te fascinas con la cantidad de maneras con que se puede “decir” una muchacha; o de los mil modos que puede haber para decir una flor, un árbol. La cosa va adinfinitum. Hay millones de modos y si cada persona tuviera la facultad de dibujar tendría una manera diferente de hacerlo y esto me parece extraordinariamente prodigioso. La naturaleza, los seres, los objetos, jamás se reproducen a través de la mano del dibujante.

Lo que me dices sobre el mostrar o sobre el no mostrar me hace formular una pregunta sin respuesta. Y tienes razón: muchísimo arte se ha hecho para no ser visto, para encerrarlo en las tumbas. Pero sinceramente te digo: si yo nunca hiciera una exposición, nunca enseñara nada, de todas formas me pondría a dibujar o a pintar con el mismo entusiasmo...

Cuando niño, o casi niño, hice un bloque de yeso y luego lo desbasté. Me gusta modelar y hacer formas recortadas, en cartón o en lo que sea. Me ha sorprendido pensar en que en la edad de bronce modelaban en cera y luego de allí las piezas eran copiadas en mármol o en piedra. Tienes que tener una idea muy precisa de lo que quieres hacer. Nunca he intentado trabajar la piedra porque yo carezco de esa idea preliminar precisa, en cambio con la arcilla o la cera puedes hacer y deshacer. No entiendo como alguien puede decir que hay cosas sin color. Los bronces tienen color y todo lo que la luz toca tiene color. Los dibujos a línea tienen también color. La línea, conforme la haces mas gruesa o delgada adquiere diferentes tipos de tono.
Qué más da que todos los tonos sean azules o marrones, y como dices, en realidad no hay ni siquiera sueños que carezcan de color. Pensamos que los azules y verdes son fríos, pero eso lo afirman los que hablan del color como científicos; cuando se trata de elementos para expresarse todo se vuelve un problema de relación. En mi caso, tu dices que las gamas verdes o azuladas no son frías, pues bien, se trata de un problema de relación. Uso colores muy fuertes, por ejemplo amarillos vivos. Los que ven mis cuadros hacen a un lado los amarillos porque quizás estén mayormente armonizados los azules. El color se puede representar como las gamas de sonidos. Si tu no tienes en tu casa mas que rojo, y te dicen que pintes un paisaje de nieve, usas rojos, y te sale el efecto de nieve.

Si quieres podemos aclarar esto de los colores así: cuando ves al Greco, a Manet o Piero de la Francesca, hay un dominante frío, en cambio en Tiziano hay un dominante cálido, aunque use azules tan intensos como los de Piero, pero todo se vuelve como si estuviera pintado en una hora crepuscular. Renoir es todo tibiezas, que llegan a veces al exceso (hay cuadros de Renoir cuyos rojos parecen jitomates con crema). Amo en Tiziano todas las cosas que pinto, como la leche que late en los pechos de las mujeres. Velázquez es de una sobriedad, de una elegancia, que lo puedes identificar con un caballero que no opina de nada, como si solo presentara las cosas. En Cézanne hay una predominancia de azules, hay el efecto de varios vidrios superpuestos, y en Modigliani siento la impresión de carne dura, muy joven. Hokusai en cambio carece de carne, es puro signo y movimiento; todo en él se quiebra y se rompe como las ramas de bambú y yo no puedo retener su color, no obstante que las estampas de estos japoneses inspiraron a los impresionistas. Ellos rompieron tanto sus colores que casi acabaron por perderlos, casi diría que terminaron por no tener color, Como la música de Debussy en la que hay muchos agudos. Color tiene Van Gogh, un color de una dulzura que a veces es tal que te hace sufrir, pero también sus dibujos blancos y negros tienen color. Para demostrarte que tienen color te diré: el dibujo blanco y negro evoca todos los colores..

Estoy siempre o mas bien me siento muy acompañado por las obras de los muertos. No me importa repetir lo que dijo uno de estos grandes muertos, pero también se que si yo digo algo lo digo de otra manera y con todas las limitaciones inherentes a mi yo. La humanidad viviente esta acompañada por las formas que hicieron los hombres, las filosóficas, las verbales y las visuales. Si no hubiera esto seriamos nada, como changos; para mi el arte es lo primera: el hombre en bruto es un artista que se expresa, que imagina, suena, hace formas. El hombre enamorado es un gran artista: ¿Qué no inventa en estas circunstancias?, pero los que trasladan estos ímpetus y hacen un objeto son los menos, y estos son los artistas. Sin embargo pienso que todos los hombres tienen el poder de recrear, y si ponemos atención podemos darnos cuenta de que es lo que recrean.

Disfruto intensamente las formas, las del pasado como las del presente. Pero yo no puedo decir globalmente “pintores”, eso es mucho decir para mi. En realidad hay muchos pintores en uno. Por ejemplo: hay un primer Tamayo, el de los años treinta que me gusta muchísimo, desearía poseer uno de estos cuadros, pero es imposible. Algunos cuadros de Agustín Lazo me atraen enormemente, de Maria lzquierdo me gusta casi toda su obra. Diego, Orozco, Francisco Gutiérrez, que se murió de un tumor en el cerebro y que se encuentra casi olvidado. De niño admiraba muchísimo la obra de Estrada y la de Hermenegildo Bustos, porque tenía oportunidad de ver los originales. Hoy en día me gustan muchas de las cosas que hace Toledo. Entre los abstractos disfruto a Manuel Felguérez y a Vicente Rojo, aunque nunca intentaría hacer algo semejante a lo que hacen ellos. Quise hacerlo, pero no lo logré, no puedo hacer cosas si no son legibles. No puedo hacerlas, pero si me satisface verlas. Indudablemente que en la pintura abstracta hay cosas impresionantes. Mira, Felguérez me da la impresión de que es capaz de transformar un reloj en una víscera y él no se da cuenta, pero para mi que él parece estar transformando los interiores del cuerpo humano en formas geometrizantes. Así es el arte, uno se propone algo y sale otra cosa. Las pinturas, aunque así lo crean, no son intelectuales, porque creo que lo puramente intelectual mata el arte y mata todo, ser intelectual no es ser inteligente ni artista, es tener clichés o formulas, es lo que se conoce por racionalizar, o al menos eso creo yo.

Estoy de acuerdo en que por lo pronto ya conviene entre cerrar la puerta. ¿Tú crees que salí de Guadalajara?, casi es la única tragedia que tiene uno: que no acaba de nacer nunca... Estoy continuamente naciendo, y por eso me identifiqué con la aurora de que habla Maria Zambrano. En Italia hay un Culto a la aurora, ella es promesa eterna de cada día, antes de que venga la verdadera luz. Es el mismo miedo que tenían los aztecas, de que a lo mejor el sol no salía. ¿Y si este amor no fuera nada? -como decía Pellicer-, ¿nacerá o no nacerá? Para mí esta angustia del nacer cada día conforma la verdadera biografía de un artista, o de un hombre, que como yo ha querido ser artista...

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Juan Soriano | 2004