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Entrevistas


MARÍA TERESA FAVELA.
RAFAEL C. ARVEA.
Centro de información y documentación de Artes
Plásticas, INBA, México, diciembre de 1983.

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Los motivos que originaron a la pintura:

uno pinta lo que sabe, lo que experimenta, lo que se imagina; pero siempre partiendo de que se tiene contacta con la poesía, que uno se da cuenta que en imágenes se pueden decir muchas cosas, ya sean imágenes literarias, pictóricas, arquitectónicas o simplemente verbales, parque el arte yo creo que todos lo hacen, según la cultura y según el marco de los conocimientos que se tiene en la vida:

Las amistades que influyeron en su formación artística:
Durante diez o doce años fui todos los días a casa de Diego de Mesa, en las tardes, con otros amigos y siempre había ese tipo de conversaciones sobre los grandes escritores españoles de la época, a veces a casa de Octavio Paz, a donde también iban muchos escritores jóvenes, los que formaban las revistas de la época, a veces con Octavio Barreda, quien dirigía la revista mas importante de entonces, Letras de México, en la que colaboraban muchos, después aparecería Romance.

Maria Zambrano me enseñó muchísimo, ha escrito paginas muy hermosas sobre mi trabajo como las que han escrito Octavio Paz o Diego de Mesa, yo las leo y me digo: “Creo que exageran, ¡ojalá y fuera cierto!” Pero es que son grandes pensadores, lo que hacen es embellecer el objeto de estudio, darle una forma tan hermosa que entonces parece nuevo.
Sobre la finalidad del arte:

No puedes decir que el arte te va a servir para hacer, con ciertas reglas, política, filosofía o química; no, el arte tiene todo esto pero combinado, es un conjunto, es el hombre: el hombre que sufre, piensa, terne, imagina y todo esto lo conjuga, por eso el arte puede abarcarlo todo porque no es, en si, moral o inmoral, político o apolítico, lo es todo.

Sobre los retratos de personajes:

Un retrato, para mi, es como mis personajes, esas cosas que yo medio inventaba, creo que por un lado tenía deseos de representar, más que a los personajes, hacer una composición que no perturbara al espectador pero que lo atrayese al mismo tiempo. Yo creo que por eso los personajes no miran directamente al espectador, porque una mirada fija siempre turba, cohíbe, quizá sea eso.

Sobre las personas que influyeron en su formación pictórica:
De Chucho Reyes Ferrerira tuve una influencia muy grande pero no en lo estrictamente pictórico sino porque fue el primero que me ofreció trabajo en Guadalajara, para hacer papeles semejantes a los que él hacia, pero para mí era difícil hacerlos. Entonces yo le preguntaba: “¿Chucho, por que no los haces tu?” El me enseño, en Guadalajara, a apreciar las texturas, las cualidades, parque tenía libros muy hermosos, colecciones de marfil, piedras, zapatos, de todo, pero no era un maestro, alguien que quisiera enseñarte, aunque finalmente termine siéndolo.
De Chucho Guerrero Galván, a quien conocí en Guadalajara a la edad de 14 años; conocí un retrato que era una cabeza de niño y me impresiono muchísimo; debí haber coincidido con su manera de sentir y tenía ganas de hacer casas que tuvieran el espíritu de las suyas, entonces él si debe haberme influido. Le hice un retrato a su mujer, que es hermana de la primera esposa de Octavio Paz, Elena Garro.

Del Tamayo que conocí en aquel entonces, sus pinturas representaban a la ciudad de México, cosas que ocurrían en la ciudad: personajes, nubes, aviones, globos, paisajes color siena con unos árboles tirados que ofrecían unas perspectivas, todo eso me encantaba, me emocionaba, me emocionaba muchísimo, me sigue gustando su trabajo; en ese sentido si ha sido un maestro mío.

Sobre sus experiencias en el campo de la escenografía:
Mi primera escenografía la debo haber hecho como a los siete años de edad para un teatro de títeres mío, y como no tenía publico pues ponía un espejo enfrente y me daba la re presentación a mi mismo, tenía mucho contacte con las funciones populares de títeres de los hermano Rosete Aranda.
En el terreno profesional, yo le había hecho una escenografía a Ignacio Retes, en el teatro de los electricistas, de una obra clásica española: El tejedor de Segovia, de Tirso de Molina. Tuvimos mucho éxito, fue una experiencia maravillosa, yo diseñé todo el vestuario y la escenografía, casi todas las veces que he realizado escenografías las he diseñado completamente, hago un taller, con discípulos, costureras, etc., porque es muy agradable hacer mas real el teatro.

Sobre personajes de su vida:

Yo tenía pasión por Carolina, mi hermana, ella me llevaba y me traía de un lado a otro. En una ocasión me amarra a un carro, de esos que hacían los niños con ruedas de patines; vivíamos en una calle, en Guadalajara, que estaba en pendiente y entonces me decía: “Si eres hombre te tienes que dejar caer.” Amarrado como estaba hacían una lumbrera al fondo de la calle y yo pasaba con el carro por ahí, donde estaba la lumbrera y ¡claro!, no era hombre ni nada lo que salía de ahí: ¡era un chicharrón!
Conocí a Maria Asúnsolo, y como Siqueiros le había hecho un retrato, le dije: “pues, Maria, te voy a hacer un retrato”, y para mi era un honor que ella aceptara. Entonces la estudiaba una y otra vez, dibujaba y hacia el retrato —claro que ella me lo debe de haber pagado de alguna manera aunque no recuerdo como—, yo no podía cobrarle o vendérselo, no me sentía capaz.
Sobre su imagen en la pintura mexicana:

Yo me sorprendí mucho porque en una ocasión que regresé de Europa todo mundo comentaba sobre una exposición llamada Confrontación 1966, que se había presentado en el Palacio de Bellas Artes. Entonces los artistas jóvenes de la época empezaron a tratarme de otra manera, como con más afecto. Yo me sor prendí mucho porque no es algo que haya esperado ni fomentado.

 
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Juan Soriano | 2004